12 de abril de 2026

El esfuerzo invisible

— Por A. Zohar

Hay un cansancio que no viene de lo que hacemos.

No es el trabajo.
No es el día.
No es la vida en sí.

Es algo más silencioso.
Más constante.

Vivimos como si todo dependiera de nosotros.
Como si hubiera que estar pendientes de todo.

No fallar.
No despistarse.
No bajar la guardia.

Como si, en el fondo, algo se fuera a romper
si dejamos de estar encima.

Y ese gesto… cansa. Aunque no lo veamos.

La vida lleva siglos funcionando sin ti.
Pero tu mente no se fía.
— A. Zohar

Porque no es solo hacer.

Es estar sosteniendo una idea de quién somos.

Alguien que tiene que llegar.
Alguien que tiene que poder.
Alguien que no puede parar.

Y eso no descansa nunca.

Pero a veces ocurre algo muy simple.

Por un instante, sin motivo,
ese esfuerzo se afloja.

No porque todo esté resuelto.
No porque la vida cambie.
Sino porque dejamos de hacer de más.

Y entonces se ve:
La vida sigue.

Sin que tengamos que empujarla.
Sin que tengamos que vigilarla.
Sin que tengamos que ser alguien en concreto.

Respirar ocurre.
Pensar ocurre.
Sentir ocurre.

Todo ocurre.

Y, a veces
sin saber muy bien cómo…
dejamos de pelear un momento

La vida no te estaba esperando.
Eras tú intentando no perderla.
— A. Zohar

Quizá el cansancio no viene de vivir.
Quizá viene de intentar ser quien sostiene la vida.

Y cuando eso se suelta, aunque sea un poco…
aparece algo que no estábamos buscando.

No es euforia.
No es solución.

Es más simple:
un descanso que no depende de que nada cambie.

Y si dejáramos de pelear,
aunque solo fuera por un instante…
¿qué quedaría?

Dejo la pregunta.
Por si también te sirve de espejo.


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