No hay nada que sostener.
Por eso todo descansa.
— A. Zohar
A veces vivimos como si todo dependiera de nosotros.
Como si tuviéramos que estar pendientes de todo.
Entenderlo. Controlarlo. Que no se nos escape nada.
Como si, en el fondo, algo se fuera a caer si aflojamos un poco.
Y por eso aparece la tensión. Esa sensación de que falta algo.
De que todavía no es suficiente. De que hay que hacer un poco más.
Pero a veces ocurre algo muy simple.
Por un instante, se afloja ese gesto.
No porque hayamos resuelto nada, sino porque dejamos de apretar.
Y entonces se ve: La vida ya estaba ocurriendo.
El cuerpo respira sin que tengas que hacer nada.
Los pensamientos aparecen sin que los llames.
El corazón late sin pedir permiso.
Nada de eso depende de ti.
Y, sin embargo, todo está en marcha.
A eso algunos lo llaman vacuidad.
No es que no haya nada. Es que no hay nada que tengas que mantener.
La vida no necesita que la ayudes.
Solo que dejes de interrumpirla.
— A. Zohar
Quizá el cansancio no viene de vivir.
Quizá viene de intentar que todo encaje.
Y cuando eso se afloja, aunque sea por un momento…
no aparece el vacío.
Aparece algo mucho más cercano:
Un descanso que no depende de que nada cambie.
Cuando nada depende de ti,
todo puede descansar.
No hay nada que añadir.
Y, sin embargo, nada falta
— A. Zohar