21 de junio de 2026

No quiero la verdad

— Por A. Zohar

Es posible que el título moleste. Perfecto.
Porque cuando miro con honestidad, descubro algo incómodo:
muchas veces no quiero la verdad. Quiero tener razón.

Quiero que mi historia encaje.
Quiero que mis heridas tengan sentido.
Quiero que el camino me lleve exactamente donde esperaba.
Quiero que la vida confirme lo que ya creo saber.
Y a eso lo llamo búsqueda.

A veces digo que busco.
Pero si miro de cerca, no siempre estoy buscando.
Estoy verificando. Comprobando que el mapa coincide con mis ideas.
Preguntándole a la realidad si tiene la amabilidad de comportarse como yo esperaba.

La vida tiene una costumbre irritante:
nunca leyó mis planes.
— A. Zohar

Y cuando no lo hace, me enfado. O me decepciono. O busco otro mapa. Quizá por eso la búsqueda puede ser tan agotadora. Porque sigo imaginando que hay algo más adelante. Algo que todavía no tengo. Algo que me falta.

Y mientras corro hacia ello, paso por alto lo único que está ocurriendo. Esto.

La gran ironía es que cuanto más persigo ciertas respuestas, más lejos parecen estar. Como si la vida tuviera un extraño sentido del humor. Yo corriendo detrás de la verdad. Y la verdad sentada tranquilamente donde siempre estuvo.

A veces me pregunto si la verdad no será una de las pocas cosas que no se dejan encontrar. Porque encontrar implica dos: el que busca y lo buscado. Y quizá ahí empiece la confusión.

No sé si necesito más respuestas. Tal vez necesito menos preguntas interesadas. Menos necesidad de que la vida sea de una manera concreta. Menos exigencia. Menos negociación.

Porque cuando dejo de pedirle a la realidad que confirme mis teorías, aparece algo curioso: no entiendo más, pero discuto menos. No controlo más, pero descanso más. No poseo la verdad, pero dejo de sentirme separado de ella.

La verdad no parece necesitar que la encuentre.
Solo parece necesitar que deje de esconderla detrás de lo que creo saber.
— A. Zohar

¿Qué historia me estoy contando hoy para no ver la verdad que tengo delante?


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